domingo, 14 de junio de 2026

Domingo 14 de junio: CIRCUITO DEL MENDRUGO

 


Hoy ha sido uno de esos días en los que la ruta y las circunstancias de la jornada dignifican este deporte. Porque claro, ¿qué es el ciclismo sin un poquito de sufrimiento bíblico? Nadie en su sano juicio podría haber previsto esta mañana que, además de cocernos un poco al sol (solo lo justo para el bronceado ciclista), el cielo decidiría obsequiarnos con una refrescante lluvia y, por qué no, una amable granizada. Eso es lo que tiene la maravillosa idea de alejarte de la zona de confort del Velo Club.

Hacer el circuito del Mendrugo tiene esas cosas: te aleja "un pelín" de Maracena y te pasea por media provincia de Granada para que disfrutes del paisaje. O de la meteorología extrema.

Por si fuera poco, el día ya apuntaba maneras desde el inicio. Nada más entrar en Granada, nos topamos de bruces no con una procesión —que ya sería mala suerte—, sino con diez. Sí, diez. Más que en Semana Santa, pero en pleno junio. No seré yo quien juzgue la necesidad espiritual de sacar santos a pasear cada fin de semana, pero a este ritmo vamos a tener una cofradía cortando el tráfico por el santo del día que toque.

Supongo que al ser domingo la cosa se suaviza, pero ahí estábamos nosotros: errando como almas en pena, vestidos de amarillo y mimetizándonos con el fragor eclesiástico y el olor a incienso que lo inundaba todo. Un cuadro digno de museo.

Tras sortear mil y una aceras por Gran Vía, Elvira, Colcha y Pavaneras, el grupo —ya más desperdigado que una bandada de pájaros tras un escopetazo— consiguió ponerse a salvo en la calle Molinos. A salvo del gentío, sí, pero no de la cera derretida que el fervor religioso había dejado en el asfalto. Una delicia para nuestras finas ruedas de carretera, que exigían una técnica digna de funambulista.

El retraso, un mero detalle sin importancia, nos venía de perlas para afrontar los 120 kilómetros que nos quedaban por delante: subir Blancares, llegar a La Peza, el embalse Francisco Abellán, Darro, y volver por Bogarre, Iznalloz, Deifontes, el Cubillas y Albolote. Una minucia.

Menos mal que la mañana empezó "fresquita". Ese airecillo agradable nos permitió tomarnos los kilómetros más exigentes con cierta "comodidad". Por delante, como siempre, los "aguilillas" de turno tiraron hasta el Mirador de La Peza para, según la filosofía del grupo, "dar vidilla" al resto. Llegaron al control de firmas de Darro bastante antes que el resto de los mortales, quienes lo hacíamos con el consuelo de no haber gastado "mucho dinero en la ida", una bonita forma de decir que veníamos guardando la poca dignidad que nos quedaba para la vuelta.

El regreso lo iniciamos juntos, mirando de reojo al cielo porque unos nubarrones negros amenazaban con descargar el diluvio universal. Al final no llegó la sangre al río, pero a la altura de Bogarre recibimos una cordial dosis de pedradas en forma de granizo. Primero hielo, luego agua. Para que no nos faltara de nada. Menos mal que al llegar al cruce de Píñar el sol nos recordó que estamos en junio y que el agua pasada no mueve molino. Carretera seca, calor de repente y a rodar.

Como el grupo ya se había roto, los de delante decidieron tomar las de Villadiego. Seguramente sus sofisticados Garmin sufrieron un colapso electromagnético y no les marcaba bien la ruta, porque decidieron desviarse por Iznalloz para entrar por el polideportivo. Cosas de la tecnología.

Total, que después de todo, de comernos 10 procesiones, pasar algo de calor, algo de fresquito también, mojarnos (y nos reíamos ayer del chubasquero) y ser “apredreados” por los granizos, el grupo de cola llegaba a sus dominios a la hora cercana a las 14,00 h, que no está nada mal teniendo en cuenta que eran 120 km, 10 procesiones (eso ya lo he dicho antes) y una granizada.

Manolo y Joaquín, nuestros veteranos, llegaban hasta la Venta de Los Arcos, que no está nada mal.

Otra grupeta cumplió el expediente hasta la estación de Píñar y Píñar, y Jorge “Pajarillo” decidió, por cuenta propia, ir volando hasta Bogarre. Porque él lo vale y porque en este club, cada uno vive la épica como quiere, ahí es nada.

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domingo, 7 de junio de 2026

Domingo 7 de junio: NOALEJO



     Llegó junio, ese mes que la propaganda oficial cataloga como "el más bonico del año". Ya saben, esa época ideal donde los días se alargan convenientemente para que sufras más horas y el calor supuestamente "no aprieta", un tierno mito que todos nos intentamos creer. Por supuesto, la temporada llega a su punto más álgido obligándonos a participar en las marchas más exigentes del año, lo que se traduce en ajustar los horarios hasta límites que rozan el insulto y la violación de los derechos humanos, especialmente para los que tenemos el mal gusto de disfrutar de la cama.

     Una de las "grandes ventajas" de junio es que, al salir, aún hace fresco. Te azota esa brisilla mañanera que, en lugar de congelarte las ideas, milagrosamente propicia que llegues al punto de encuentro con unas ganas psicópatas de devorar kilómetros. Por delante, una centena (y algo más, para no perder la costumbre), así que a destrozarse los riñones, porque el amigo "Lorenzo" da tregua, pero no es una ONG. Tanto corrimos huyendo del sol que a las 12:30 ya estábamos en el punto de reagrupamiento en Albolote, tras haber visitado nada más y nada menos que Noalejo.

     Y ojo, que la ruta no es precisamente un paseo de rosas: incluye la subida a Colomera por ambas vertientes y la subida a puerto Guerra, también por ambas vertientes (faltaría más). Para consolarnos, nos dijimos que la del regreso es "mucho más cómoda". El postre de la ida fue la llegada a Noalejo, previo paso por ese otrora coloso llamado Puerto Carretero.Sólo quienes lo  subieron en su día saben de lo que estoy hablando; antaño eran palabras mayores, pero hoy se ha quedado en un mero, aburrido y cansino trámite pararelo a la autovía para dejarte las piernas temblando justo antes de empezar a subir a Noalejo, ya en la provincia de Jaén. El regreso, teóricamente "más liviano" por ser en bajada continua, se convierte en un divertido rompepiernas a partir de Benalúa de las Villas, con subidas y bajadas ideales para terminar de rematar en el Torreón de Albolote.

     Por si esto fuera poco, los "aguilillas" del grupo tenían una opción alternativa: llegar a Campillo Arenas para volver otra vez a Noalejo. Una genialidad que solo Jonás se atrevió a completar —qué callado se lo tenía el tío, seguro que se alimenta de titanio—, mientras el resto de los mortales dimos por buena la ida básica.


EN LA CAFETERÍA BAR MÓNICA

Una vez en el pueblo, que lucía engalanado de altares por el Corpus, cumplimos con el sagrado ritual de entrar en la Cafetería Bar Mónica, en pleno centro del pueblo, junto a la iglesia. Entrar allí, con ese aire de antaño y las fotos del Velo Club decorando las paredes, es lo más parecido a un oasis en mitad de un desierto (de olivos). Nos sentamos en el patio, en la barra y en la terraza exterior a ver cómo volaban platos de tostadas, cafés, refrescos y hasta un bocadillo de lomo y queso que alguien se metió entre pecho y espalda en un abrir y cerrar de ojos, porque el canibalismo ciclista también existe.

     Mónica, nuestra anfitriona y jefa espiritual del local, nos lanzó la correspondiente y merecida bronca por no haber dejado pasar la sana intención de llevar cada año la foto grupal. Desde aquí lavamos nuestra culpa prometiendo solemnemente que las paredes del local parecerán un museo de nuestra decadencia física año tras año. Tal es el nivel de entrega de esta mujer que nos confesó en "petit comité" que esa misma tarde su familia iba a aumentar: su nuera estaba en el hospital, ya fuera de cuentas, a punto de dar a luz. Y ahí estaban el padre y la abuela de la criatura, en lugar de estar en el hospital viviendo un momento histórico, atendiendo a una horda de ciclistas hambrientos antes de salir pitando a urgencias. Un lujo de familia y una gestión de prioridades impecable, vamos.

     Tras la foto de rigor y que luce en el encabezado de esta crónica, iniciamos el regreso que fue el sálvese quien pueda de siempre: todos medio reagrupados sorteando las "tachuelas" del camino como Dios nos dio a entender. Mención de honor para los hermanos "los damianes", que iban sobrados echando una mano a los heridos de guerra. Se ve que no tuvieron suficiente con destrozarse ayer en la Indomable. ¡¡¡Qué tíos!!!

     Una pequeña grupeta, con un ritmillo mucho más cómodo, daba por finalizada la ida en Benalúa de las Villas, lugar establecido en el libro como ruta corta, para volver por el mismo sitio y nuestros veteranos, con su constancia y tenacidad característica, hasta Colomera, que tampoco está nada mal.

     Hoy, este que os cuenta y debido a una avería más o menos seria en la "flaca", ha vivido gran parte de la marcha desde el coche de apoyo compartiendo con el compañero Miguel una buena mañana de "cháchara". Hay que ver lo importante que es el vehículo de apoyo en un club y sobre todo la figura de quien lo lleva. Por muchos años, Miguel.





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