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| En el mirador de Melegís, con Restábal como testigo |
Estrenamos abril, estrenamos horario y, por supuesto, estrenamos esa actitud de "profesionales" que tanto nos gusta. Como el sol ha decidido salir y el personal se cree que está para correr la Vuelta a España, se ha formado esa mezcla explosiva de testosterona y licra ideal para una mañana de domingo.
El calendario nos prometía LA PIRENÁICA, una ruta catalogada como "muy exigente" (solo apta para semidioses del pedal). Pero, ¡oh, fatalidad!, las lluvias de invierno han dejado el asfalto maltrecho por algunas zonas con algún que otro bache y varios desprendimientos. La directiva, en un alarde de compasión sin precedentes, decidió que en lugar de los Pirineos granadinos, nos conformáramos con Melegís. Un destino "menos duro" (traducción: apto para quienes confunden el entrenamiento con el tapeo), pero que vendemos como "igualmente exigente" para no herir sensibilidades en la grupeta.
"Menos desnivel", decían. "No por ello menos exigente", añadían para que nadie se sintiera menospreciado.
Para los TOP (esos que necesitan terapia severa o más kilómetros cada domingo), el plan era bajar hasta Restábal para volver hasta Melegís. Para los VETERANOS, la opción era El Zahor o Talará, dependiendo de si las piernas decían "adelante" o "por favor, basta".
Caos en Los Naranjos: El asalto a la barra
La llegada a Melegís fue de órgado. Entre los que salieron 15 minutos antes (los de la "cortesía", ya sabéis), la horda masiva que llegaba a la par que ellos y los "aguilillas" que venían dándolo todo de Restábal , aquello parecía el desembarco de Normandía pero con calas.
El personal de Los Naranjos estuvo a punto de pedir la baja psicológica. Aquello parecían los cien mil hijos de San Luis, pero en versión hambrienta, gritando sus comandas al unísono, convencidos de que el universo gira en torno a su desayuno.
Pobres camareros. Allí estábamos todos, con el ansia viva, exigiendo nuestra tostada y el café para ayer por la tarde. "¡Lo mío primero!", gritaban algunos, como si el retraso de una tostada fuera a comprometer su rendimiento en el próximo Tour de Francia.
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| Parte de los cien mil hijos de San Luis |
Afortunadamente, una facción disidente y más lúcida se marchó a Talará para evitar el colapso y de paso salvarle la salud mental al personal del local evitando así una rebelión civil en el bar y permitiendo que los camareros conservaran sus empleos (y su cordura).
Tras el avituallamiento y posterior foto de rigor en el mirador de Melegís pusimos rumbo a Maracena con un breve reagrupamiento con los disidentes de Talará. El track nos llevaba por la "vía romana" previo paso por el Zahor y Cozvíjar.
La Intervención Divina: Eolo pide perdón
Resulta que el dios del viento, después de humillarnos sin piedad la semana pasada, se sentía culpable por lo que ha decidido redimirse. En un gesto de "infinita bondad" (o quizás por puro aburrimiento), Eolo se puso de nuestra parte. Nos empujó de vuelta a casa (cosa que suele ser al revés cuando vamos por aquellos lares) con la suavidad de una brisa de spa, permitiendo que algunos se creyeran que han mejorado su forma física, cuando en realidad ha sido un simple remolque atmosférico.
Intentando mantener la dignidad pasamos por el Suspiro del Moro y ya, con un terreno más que favorable hasta Bobadilla donde nos esperaban pacientemente la avanzadilla, seguramente mirando el reloj y preguntándose si nos habíamos parado a echar la siesta.
Al final, llegamos todos juntos a Maracena, cumpliendo el horario como si de verdad tuviéramos algo más importante que hacer al llegar.
Manolo y Joaquín, nuestros veteranos de oro decidieron que en el Zahor se estaba muy bien dando por finalizado el periplo de la ida allí junto con la grupeta de la rotonda de Nigüelas, que tampoco está nada mal, donde decidieron que ni un metro más, ni un metro menos. Una decisión táctica brillante: lo suficientemente lejos para contar como ruta, lo suficientemente cerca para no sudar demasiado.
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| La grupeta de la rotonda de Nigüelas cuando pasaba otra grupeta |
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| Manolo y Joaquín con el traje de faena puesto afrontando el Suspiro del Moro |




