domingo, 26 de abril de 2026

Domingo 26 de abril: PUERTO DE LOS BLANCARES

 

Cerramos abril cumpliendo con el rito de Blancares. Dicen que la naturaleza es agradecida, y este año, tras un invierno de lluvias generosas, nos ha devuelto el favor con un verde que casi duele a la vista. Es el privilegio de pedalear en Granada: esa capacidad de cambiar de mundo según el punto cardinal que elijas.

Siempre lo digo. Granada tiene ese aquel tan variopinto que la hace única. Si tiras para la zona norte, el olivo es el protagonista. El olivo y el terreno ondulado que ofrece al ciclista la posibilidad de disfrutar de rutas más que aceptables. Pero si tiras para el poniente, la cosa se va suavizando. El olivo comparte protagonismo con otras variedades como el chaparro y la encina (aunque vienen a ser lo mismo). Si por contra tiras para el sur, el naranjo y el limonero lo acaparan todo ofreciendo al ciclista un terreno más propicio para corredores más completos. Y si nos vamos para el este, el pino, es el gran protagonista en un terreno mucho más exigente, más propio de escaladores.

Y por ahí es por donde hemos estado hoy, por el este, concretamente en el puerto de Los Blancares aunque “los aguilillas” han cumplido fielmente con el calendario y se han apiadado del resto dándole un balón de oxígeno al personal llegando hasta La Peza para volver hasta Tocón de Quéntar que es donde estaba dispuesto el avituallamiento (hoy con choto incluido) y control de firmas.

Mientras el grupo tomaba su refrigerio, llegan los aguilillas. Unos tiran para el clásico café y tostada en sus diferentes versiones y otros, como si no hubiese un mañana se tiran al barro con un tercio al calor de unos platos de choto que allí lo hacen de maravilla. Hay que ver como le cambia la cara al personal cuando le plantan delante un plato de choto al ajillo. Mano de santo, oiga.

Los veteranos han llegado hasta la presa de Quéntar en un alarde pundonor sin igual ya que la subida se las trae y hoy más ya que la tónica de este año, el de los desprendimientos, nos ha obligado a visitar el pueblo de Quéntar ya que la carretera está cortada. Mucho desnivel en el pueblo, y buenas rampillas con sus curvas cerradas, como debe ser. Al final, no ha sido para tanto, imagino que más que todo por la precaución y la prevención.

Citaba en párrafos anteriores eso de que Granada lo tiene todo porque es verdad. Vaya abanico de posibilidades que tiene. En esta ruta de hoy, la naturaleza es espectacular. El paisaje está libre de cables aéreos (no se si os fijáis en eso pero yo si). Es dejar la carretera de la sierra y a poco entras en otra dimensión. Arboleda espesa, verde intenso, cielo abierto, el pantano rebosando vida y una carretera sinuosa que te va llevando en volandas hasta los 1297 m de altitud. Todo a tiro de piedra de Granada. Lo que yo os diga, sin igual.


Con el hambre aplacado y el estomago satisfecho, iniciamos el regreso todos juntos. Hay que bajar con precaución porque el piso está con bastante gravilla suelta así que se forman varias grupetas hasta el violón, punto de reagrupamiento. Desde ahí hasta Maracena evitando una manifestación que al parecer había en Gran Vía lo que ha provocado que tiremos por el Camino de Ronda.

Habrá que estudiar nuevas alternativas ya que el paso por Granada capital, tanto en la ida como en la vuelta, es un auténtico suplicio.


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