domingo, 5 de julio de 2026

Domingo 5 de julio: LA PEZA

 


El mes de julio es, por antonomasia, ese momento cumbre en el que a los ciclistas se nos cruza el cable definitivamente. Como el Tour de Francia manda, todo amante de la flaca se siente de repente un titán del pavé y se tira a la carretera dispuesto a devorar millas, puertos y lo que se ponga por delante. Así ha sido siempre, porque nos va la marcha.

Otra cosa es este tierno idilio que tenemos ahora con las olas de calor. Siempre las ha habido, claro, pero no con este nivel de "barbacoa humana" que sufrimos últimamente. Tanto es así que, en un alarde de pura sensatez, habrá que plantearse seriamente lo de evitar las marchas más exigentes en esta época. O moverlas a otro mes, no sé, una idea loca. Porque lo que está claro es que, por mucho que te levantes a una hora en la que ni las calles están puestas, todo lo que sea pedalear más allá de las 12:00 h se convierte en una ratonera térmica de la que es difícil salir invicto.

Qué tiempos aquellos en los que las temporadas se hacían de corrido, de febrero a octubre, sin llorar y sin parones veraniegos. Hoy en día, con el panorama actual, agosto se ha convertido en el mes vacacional por excelencia. Así que el club —y cada vez más clubes— baja la persiana en un intento desesperado por conciliar la vida familiar con la obsesión ciclista.

Pero ojo, eso no significa colgar la bici y dedicarse a la tumbona. Al contrario. Muchos aprovechan para marcarse una "segunda pretemporada", no vaya a ser que pierdan el golpe de pedal para el trepidante y crucial arreón final del año.

Todo esto viene a que hoy tocaba La Peza, un destino a priori idóneo para la época porque discurre por una zona "fresquita". Y de hecho, la ida fue un paseo celestial. El problema es que la vuelta, con la subida a Blancares, prometía convertirse en esa ansiada ratonera. Vale, el regreso es teóricamente más liviano porque es una bajada continua hasta la capital, pero en los cuatro repechos mal contados que quedan, el amigo "Lorenzo" —hoy más de uno ha entendido por qué el sol tiene nombre de señor serio— decidió recordarnos que disfrutar en la flaca tiene un IVA muy alto. Nos castigó sin piedad.

Afortunadamente, no nos amilanamos. Más que nada porque contábamos con un despliegue logístico digno del mismísimo equipo UAE. Nuestro compañero Rafa Almagro ejerció de "cicerone" y delegado de marchas, cumpliendo con creces las tareas del calendario.

  • ¿Agua fresca? Había.

  • ¿Botellas congeladas? También.

  • ¿Hielo en abundancia? Hasta la saciedad.

  • El toque maestro: Unos "polillos flash" que el tío llevaba supercongelados en las neveras. Coronar Blancares y chuparse un polo flash(el mío era de limón) no tiene precio además de ciertas reminiscencias infantiles.

Por ponerle una pega al servicio de cinco estrellas de Rafa: solo le faltó pararnos a todos en Los Italianos y pagarse una "cassata" por cabeza. Lo vamos a perdonar únicamente porque el vehículo de apoyo no cumple con las exigentes normativas medioambientales del Ayuntamiento de Granada y tiene vetada la entrada a la capital. Aunque, al paso que va y tal y como se portó, no descarto verlo en sucesivas ocasiones en el semáforo de la heladería repartiendo cucuruchos a la grupeta.

Por lo demás, el guion de siempre. El grupo al completo —pasábamos de la veintena de valientes— partía a la intempestiva hora de las 7:30 desde Dorleta. El paso por la capital y su festival de semáforos se convirtió, como no, en un vía crucis que mandó al garete toda la ventaja horaria del madrugón. Habrá que contratar a un ingeniero de caminos para estudiar cómo evitar el centro.

Al fin nos plantamos todos juntos al pie de la subida, en el cruce de Quéntar, y la selección natural hizo su magia. Se formaron dos bandos claros:

  1. Por delante: Los "aguilillas" y los kamikazes dispuestos a morir a manos de estos, corriendo alegres directos al matadero.

  2. Por detrás: El resto del mundo, más cáutos, a ritmo caribeño.

Mención de honor para nuestros veteranos, Manolo y Joaquín. Haciendo gala de un pundonor táctico envidiable, decidieron que quedarse en Aguas Blancas era de cobardes, así que usaron el coche de apoyo para "saltarse" unos esacasos 5 km de subida. Volvieron al tajo en la presa del pantano y afrontaron con total gallardía la subida hasta Tocón de Quéntar. Di que sí, optimización de recursos.

Finalmente, una grupeta numerosa llegó a Tocón para dar sabida cuenta del choto que allí se prepara (algunos estiraron hasta Blancares para dar la vuelta hasta Tocón), mientras que los demás tiramos para La Peza tras un improvisado reagrupamiento en la cima. Los aguilillas, hoy más escasos que de costumbre, culminaron la ruta TOP hasta el Mirador, volvieron al pueblo y, tras el clásico desayuno, el obligatorio control de firmas y las risas de rigor, iniciamos el regreso a Maracena.

En definitiva: un gran día de ciclismo, compañerismo, insolación moderada y un polo flash que nos salvó la vida. ¿Qué más se puede pedir?

FOTOS

TRACK DE LA RUTA

2 comentarios:

  1. Día estupendo para la práctica del ciclismo , con muy buenos compañeros para rodar y disfrutar de este nuestro deporte , de tallado del delegado ,

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    1. Día chulo el de hoy, Delgado muy atento con polos flash incluidos.

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