Dicen los expertos que el ciclismo no es solo tener piernas. Al parecer, además de comer, entrenar y dormir, existe también la "planificación y estrategia".
Haciendo gala de que muy de vez en cuando pensamos y sabiendo la tostada que nos esperaba en Loja, un nutrido grupo decidió aprovechar la cortesía que nos brinda el club para marchas de este calibre de salir 15 minutos antes. La idea era batirse en duelo con "el Lorenzo", que para más INRI hoy venía escoltado por una encantadora calima sahariana. Por detrás, a las 8:00 A.M. la hora oficial, salían las demás grupetas con la intención de cumplir el itinerario llegando hasta Huétor Tájar que no está nada mal.
Mención de honor para los veteranos, que llegaron hasta Alomartes guiados por un incombustible Manolo Ramal, un hombre inmune al miedo y a las leyes de la termodinámica. Hoy rodaba sin su partener habitual, Joaquín, quien prefirió sabiamente la comodidad del coche de apoyo junto a Miguel, amparándose en una oportuna y "cansina" lesión que le impidió subirse a la flaca.
Por otro lado, estaban los "aguilillas". Esa raza de ciclistas que salen como cohetes y cuyo único objetivo es hacer explotar sus dispositivos Garmin con medias de velocidad estratosféricas. No solo devoraron a los de cabeza en un abrir y cerrar de ojos al salir de Escóznar, sino que, como no tenían suficiente castigo, decidieron que era una idea brillante alargar la agonía subiendo a Íllora. Todo muy sensato. Aquí tuvo mucho que ver Francís que les hizo la jugada de la cabra invitando al grupo tirar para Illora tomando él el recorte. Jugada maestra.
La "estrategia" (por llamarla de alguna manera) consistía en rodar sin prisa pero sin pausa, aprovechando el terreno favorable para quitarnos el viaje de ida antes de que el sol derritiera los cascos. Y oye, milagro: en dos horas exactas de reloj ya estábamos en Loja. Diez minutos más tarde aparecían los aguilillas, probablemente frustrados por no haber batido un récord mundial. Desayuno a la velocidad de la luz, foto de rigor para el postureo y, con el termómetro amenazando ya con unos simpáticos 30 grados a las 10:15 A.M., iniciamos la retirada.
Volvíamos todos juntos, a un ritmillo "cómodo y constante"... salvo cuando a "el tres bujías" le daba por ponerse en cabeza. Y es que si no lo digo, reviento: el amigo nos regaló su clásico catálogo de 120.000 tirones por marcha. Por supuesto sobra decir que este último chascarrillo está dicho y escrito desde el cariño, faltaría más.
El caso es que los kilómetros iban cayendo al mismo ritmo que subía la temperatura, pero ya nos creíamos los reyes del mambo porque habíamos salido de la zona cero del calor con una dignidad bastante aceptable.
La historia terminó cuando llegamos al punto de reagrupamiento en Albolote: rozábamos las 13:00 h en el reloj y los 40 grados en los termómetros. Sin duda, la jugada nos salió perfecta...
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