Empieza el baile señores. Llegan las subidas importantes, los desniveles y la acumulación de kilómetros. Y llega con una de las etapas más completas del calendario. El menú degustación (para estómagos de hierro) se componía de cuatro puertos, a saber: ALTO DE COLOMERA, PUERTO GUERRA, PUERTO ONÍTAR y PUERTO ZEGRÍ (casi nada). También cuenta con sus respectivas bajadas, cómodas todas y con buen asfalto. Cuenta con llano, favorable y desfavorable, para rodar en grupo con velocidad crucero y por si fuese poco, hoy la primavera esta que nos ha tocado en suerte vivir nos ha regalado un día de esos con ambiente veraniego, con calorcillo y su ligera brisilla que nunca está de más.
La broma de se llama “Circuito de los Puertos”, porque llamarlo "Vía Crucis en Culotte" quedaba poco atractivo. Rondamos los 100 km con un desnivel positivo de 1.000 m, lo que según el optimista que escribió el libro, la hace "apta para todos los públicos". Claro que sí, apta para cualquier persona que no tenga aprecio por sus articulaciones o que disfrute viendo su frecuencia cardíaca rozar el límite legal y las gotas de sudor cayendo sobre el garmin. ¿El valor añadido? El paisaje. Dicen que los Montes Orientales estaban "exuberantes". Yo no vi nada, pero el dibujo de las venas de mi cuello mientras subía era, desde luego, digno de ser enmarcado.
Pasábamos la treintena los que hoy nos decidíamos a rodar después de parón lluvioso del pasado fin de semana. Y lo hacíamos en grupo compacto y homogéneo con la salvedad de nuestros campeones veteranos que hoy han coronado el Alto de Colomera como quien no quiere la cosa y un grupúsculo pequeño que tras obtener el beneplácito del respetable partían con unos minutos antes aunque esa medida no estaba contemplada hoy en la hoja de ruta.
A las primeras de cambio, los "aguilillas" ponen tierra de por medio dejando por detrás un reguero amarillo muy parecido a la procesionaria de los pinos. El libro les indicaba que podían llegar hasta Campotéjar para dar un soplo de aire fresco al personal de detrás pero se ve que Puerto Guerra, haciendo honor ha su nombre ha desatado precisamente eso, la guerra dejando Campotéjar para mejor ocasión. Solo Paquito y Miguel Ángel se atrevieron.
En el Onítar, tercer puerto del día, nos reagrupamos casi todos, incluyendo a los de Campotéjar, que llegaron con cara de no haber roto un plato mientras el resto olíamos a goma quemada y desesperación. Bajada rápida por el Zegrí (donde más de uno rezó por sus frenos) hasta el punto 402, lugar sagrado del avituallamiento, donde las barritas energéticas saben a gloria divina porque es lo único que te separa del desmayo.
En el regreso, la unidad del grupo se fue al traste gracias a los que decidieron volver antes por "motivos personales". No nos engañemos: algunos de esos motivos personales se llama "cerveza fría" al más puro estilo de Homer Simpson en el bar de Moe.
Los veteranos, como citaba anteriormente, hasta Colomera, y como les ha dado tiempo para todo, han visitado a Juan Alonso de Rivas, inmortalizado en una escultura que luce en la plaza del pueblo, aquel pastor que un día, pastoreando y sin la más mínima intención, se encontró la imagen de la virgen de la Cabeza de Ándujar.
Si quieres saber como fue la historia del pastor llamado Juan Alonso de Rivas, nos tomamos la licencia de invitarte a visitar el blog personal de Enrique Reyes pinchando AQUI, Ahi explica lo acontecido con el pastor.












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