Hoy, día de Santa Ana y último domingo de julio, nos tocaba esa marcha que desata el pánico y fervor a partes iguales y hace temblar las piernas del personal: la temible subida a la Hoya de la Mora.
Se suponía que iba a ser el gran punto de encuentro del club. O al menos, así debería ser. Y, desde luego, nos hemos encontrado... pero solo para comprobar lo "unidísimos" que estamos. Ha sido, con abrumadora diferencia, la marcha con menos asistencia de toda la temporada (y probablemente de los últimos años). Hay días con alerta roja por inundaciones que han tenido más poder de convocatoria que el sol espléndido y la buena temperatura de hoy.
Atención a la cifra récord de valientes, manténganse en sus asientos: catorce. Sí, catorce héroes de la patria ciclista. Una marea humana sin precedentes para despedir una de las marchas más emblemáticas del año y dar la bienvenida al meritorio descanso estival.
Y es que, claro, la Sierra nunca deja indiferente a nadie. Siempre te echa un pulso. Da igual si estás fino como un pro o si llevas seis meses en el sofá: el esfuerzo no perdona y, si no dosificas con la sabiduría de un filósofo griego, te saca los colores. Aunque visto lo visto, a la mayoría le dio pánico perder ese pulso antes de dar el primer pedaleo y prefirió tomar las de “Villadiego”.
En fin, con este multitudinario éxito en la Hoya de la Mora culminamos por todo lo alto el periplo de las marchas duras. Ahora sí, nos hemos ganado a pulso un descansadísimo parón de agosto. Que con tanto ajetreo y tanta aglomeración, nos hacía mucha falta recuperar el aliento.
Nos vemos en septiembre, compañeros. Feliz descanso (quien lo tenga, claro está).


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