Esto se nos acaba, compañeros y compañeras. Como quien no quiere la cosa, nos vamos acercando de forma dramática e irremediable al final de temporada.
Octubre, con su buen tiempo se está comportando poco a poco como un mes lider del calendario. Sus marchas con más livianas pero no por eso menos importantes. La temperatura actual es una bendición que nos permite dar pedales sin terminar fritos como en verano o congelados como en invierno. Aunque, eso sí, la salida mañanera sigue exigiendo el ritual del disfraz por capas: salir de casa pareciendo un cebollino cargado de "arreos", manguitos y chalecos para no morir de hipotermia en los primeros cinco minutos, para terminar al mediodía despojándonos de todo y luciendo palmito veraniego.
Mención especial al "4L" que nos hemos encontrado en los primeros compases del día, en el cruce de Atarfe. Un singular coche con los colores propios del club que nos ha recordar nuestro mítico mercedes amarillo que tantos años nos ha protegido en la carretera.
Hoy tocaba Villanueva Mesía, una localidad situada a las puertas del poniente granadino. Un recorrido "carente de dificultad", llano en la ida (donde todos rodamos en plan “pro”) y que suelen ser una invitación formal a que la gente pierda la cabeza y se ponga a tirar millas como si regalasen algo en la meta. Pero hoy —atención, hito histórico, digno para estudio de la ciencia—, para sorpresa de propios y extraños, el grupo ha partido compacto. Sí, habéis leído bien: hemos recorrido casi toda la ida juntos, pedaleando a un ritmo de personas civilizadas salvo algunos "aguilillas" y aspirantes a “aguilillas” a los que les quema la cadena y decidieron tirar por la versión TOP subiendo a Íllora (los aspirantes, no). Al final, el único con pundonor (o despiste) para completar la TOP íntegra hasta Huétor Tájar, tal y como mandaba el sagrado calendario, ha sido Damián. Un aplauso para él.
Llegados a Villanueva Mesía, nos esperaba el Bar Zurich, volcado de lleno con el Velo Club... o al menos dignándose a dejarnos una mesa reservada, que ya es todo un detalle de alta alcurnia. La parada rutinaria de desayuno parecía más bien un convite de bautizo: risas, buen rollo y calor humano (y carbohidratos, claro).
Con la vuelta algo más "incómoda", ese eufemismo que usamos para no decir que la carretera se agarra, el grupo parte, de nuevo junto. Pero nada más arrancar nos obliga a templar piernas para salir del pueblo, donde se fragmenta, y cuando crees que ya está, te llega otro repecho para rematar la faena para volverlo a fragmentar otra vez y luego otro, y después otro. No es que sean de mucho desnivel pero que se ponen “pesaillos”. Al final, cada grupeta, como es normal , ha optado por el ritmo que mejor le iba para afrontar lo que quedaba de marcha.
Los veteranos hacían lo propio llegando hasta Illora, que no está nada mal tampoco.
Al final, las diferencias no han sido tantas al llegar a Albolote, punto de reencuentro, para enfilar, todos juntos, hasta Maracena.



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