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| Foto de familia en Piñar |
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| Momentos iniciales con las nubes como testigo |
Desde su fundación en 1982, el Velo Club Maracena conserva el extraordinario y sano carácter de entender el cicloturismo como una actividad fraternal donde prevalecen los valores de UNIÓN, AMISTAD y COMPAÑERISMO.
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| Foto de familia en Piñar |
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| Momentos iniciales con las nubes como testigo |
Pues llegamos señores a los puntos álgidos de la temporada. Las marchas más exigentes, los horarios más angostos con los madrugones (que a la postre se agradecen) y el calor que ya se ha instalado de lleno y que a buen seguro ha venido para quedarse durante unos meses.
Hoy, 13 de junio, San Antonio, nos hemos saltado la tradición de visitar un pueblo amigo, Olivares. Como bien sabemos todos alli se celebran las fiestas locales en honor a su patrón y el club, año tras año responde a la invitación que desde allí se hace a peñas y amantes del ciclismo en general convirtiendo el pueblo en centro neurálgico del cicloturismo granadino al menos por un día. Al igual que pasó el año pasado por motivos pandémicos, este año tampoco ha podido ser (y van dos) pero que en el tintero está para que cuando salgamos de ésta (que esperemos sea bien pronto) podamos retomarla.
Por contra, nuestro calendario fijaba el circuito de Albuñuelas y lo hacía con todos los extras para recorrerlo de cabo a rabo.
Entrábamos por Dúrcal previo paso por el Suspiro del Moro y Padul, para llegar a Cozvíjar, Albuñuelas, Saleres, Restábal y Pinos del Valle donde después de "zamparnos" las tostadas más grandes jamás conocidas acompañadas de un suculento y abundante lecho de buen jamón iniciabamos el periplo de regreso bajando hasta la presa de Béznar, los Peloteros, Béznar, Talará, Nigüelas y así hasta el reagrupamiento en Bobadilla.
Nuestros veteranos y algunos socios optaban por la ruta alternativa que era llegar, unos al Zahor y otros, a Talará por la carretera antigua de la costa.
Sin duda un circuito duro pero muy generoso. Ofrece al ciclista la posibilidad de medirse ante las adversidades. Un clima excepcional adquirido al alimón entre el gélidos fríos llegados desde las nieves de Sierra Nevada y los suaves vientos mediterráneos venidos del sur acompaña todo el recorrido entre naranjos y limoneros con espectaculares vistas a un valle coronado por el conjunto de pueblos que escoltan con celo a un pantano de Béznar que da más esplendor al lugar, si cabe.
Cuando se pasa en bici por allí resulta casi extraordinario como a pocos kilómetros de la capital exista tal extensión de terreno en forma de comarca. El continuos serpenteo de su flamante carretera entre (como decía) entre naranjos y limoneros acompañados del cantar de infinidad de pájaros te hace pensar que el tiempo se ha parado y que allí nunca pasa ni ha pasado nada. Pero nada más lejos de la realidad. Esa comarca está cargada de historia, una historia escrita forjada a través de los siglos y que le confiere una elevada dosis de importancia en la historia de Granada.
Si quieres conocer algo más de la historia musulmana del Valle de Lecrín, pincha AQUI (recomiendo su lectura).
El Valle de Lecrín, o Valle de la Alegría como era conocido en épocas nazaries, lo conforman pueblos como Padul, Dúrcal, Cozvíjar, Cónchar, Albuñuelas, Saleres, Restábal, Melegís, Pinos del Valle, Los Peloteros, Béznar, Talará, Chite y Mondújar. Seguro que os suenan todos.
Hoy, el Velo Club Maracena ha recorrido toda la comarca pasando directamente por el mismísimo corazón del Valle.
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| Sedienta grupeta reponiendo el tan preciado líquido elemento |
Comienza junio, y con él las marchas más exigentes de la temporada. Este primer domingo el calendario nos marcaba Mures, una localidad afincada en tierras de la vecina Jaen y que había que llegar hasta allí sorteando ni más ni menos que la subida a Moclín por la vertiente de Tiena previo paso por Olivares para después pasar por Limones y Tózar.
El regreso, mucho más cómodo por Alcalá Real (con la tradicional parada en la Venta La Gaviota para avituallar) y la cuesta Velillos.
El grupo de veteranos elegía la segunda opción marcada en el calendario que era llegar a Puerto Lope pasando por la localidad de Tiena.
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| El grupo en la tradicional foto con en la cañona de Lanjarón |
Partíamos temprano, a las 8.00 con puntualidad inglesa y con buen ritmo camino de la tierra del agua y del jamón. Un poco antes, como suele ser de costumbre, partía una grupeta para evitar diferencias en los tiempos.
El grupo principal, como decía, salía a la hora indicada de manera compacta, con buen ritmo (con un puntillo subidillo de tono pero soportable) marcando una media bastante alta. Llegamos al inicio del Suspiro del Moro, primer escollo que sirve como suele ser habitual de punto de inflexión para que cada cual ocupe el lugar que le corresponde. Los aguilillas comienzan su andadura y detrás se forman grupillos, cada cual con su ritmo más adecuado. Raro parecerá pero se produce un nuevo reagrupamiento lo que el grupo inicial queda definitivamente dividido en dos. Por delante se rueda rápido. El terreno favorable de la zona del Puntal y Padul, nos recibe con viento de cara lo que no impide que el grupo se mueva cómodo.
Los llanos de Marchena (que coño de llanos si en algún punto marcan más que un respetable 6% de desnivel vuelve a poner las cosas en su sitito. Por delante, de nuevo los aguilillas y detrás una grupeta que no se resiste a dejarse vencer.
Y ahí es donde llega el infortunio. Cosas que pasan. Un gato, asustado por unos perros, semi desbocado cruza la carretera y de repente se vuelve sobre sus pasos y la vuelve a cruzar. En ese momento, un grupo de cinco nos topamos de bruces con el felino. El pobre animal se enreda en la rueda delantera de Miguel Ángel lo que provoca una aparatosa caída en grupo. El azar quiere que este que os cuenta fuese en una zona más cómoda, cercana al arcén, y haya podido esquivar junto al compañero Capilla todo el amasijo de bicis, bidones, gafas y y que se más de cosas había por el suelo.
Resultado. Tres compañeros en el suelo. Miguel Ángel, que a la postre se ha llevado la peor parte tanto en daños personales como materiales (la rueda delantera destrozada y la horquilla sesgada de cuajo), María José, que en un principio parecía tener alguna lesión de consideración pero que al final, gracias a Dios solo han sido contusiones y un invitado que venia con ellos (no recuerdo el nombre, perdón) que solo se ha llevado un leve golpe en la rodilla y poco más.
Como consecuencia del accidente y dada la magnitud de las lesiones, se ha tenido que llamar a emergencias del 112 donde Miguel Ángel y María José han sido trasladados en Ambulancia al PTS.
El resto, una vez realizadas todas las actuaciones, reanudamos la marcha, ya con menos ganas, llegando a Lanjarón con un considerable retraso donde nos esperaban el resto del grupo.
El regreso, todos juntos, con tranquilidad y con la mente puesta en los accidentados que desde aquí deseamos y así esperamos tengan una pronta recuperación.
A MODO DE REFLEXIÓN
Me vais a permitir usar este medio, que es de todos, para lanzar una opinión muy personal respecto a lo que ha pasado hoy con el accidente.
Me ha tocado de lleno vivirlo en primera línea. Quizás, el hecho de ir donde iba me ha dado la oportunidad de ver el movimiento del gato y poder tener algo de previsión. El azar ha hecho el resto a mi favor.
Pero os puedo garantizar que he visto unas cuantas caídas pero ninguna como ésta. A Miguel Ángel lo he visto volar, literalmente, a una altura muy superior a la mía (y ya soy alto). Caer encima de María José, saltar la rueda por un lado con la horquilla, el crujir de las bicis, en fin, que os voy a contar. Parece como que el tiempo se para. Puedes ver las imágenes a cámara lenta, y en medio de todo un gato, negro para más señas, huyendo del lugar con los cuartos traseros arrastrando. De pronto todo vuelve a la normalidad. Llegan los primeros ruidos. Los coches pasando, las voces de todos y sobre todo, el trajín. Un trajín que se inicia con los típicos mirones buscando el morbo de la sangre (hay que ver que manía tiene este puto país con el dichoso culto a la sangre). Moteros, coches, algunos camiones, furgonetas, ciclistas, muchos ciclistas. El coche de la peña hace de parapeto (que importante labor realiza el coche) y los compañeros, todos, reorganizando el tráfico hasta que llega la ambulancia unos y atendiendo a los accidentados otros.
Ya, una vez realizada la llamada a emergencias veo el panorama. Pienso, en esto del ciclismo (siempre lo he dicho) existen unos riesgos asumidos que son los de las caídas. Todo el mundo lo sabe. Hoy, lejos de ocurrir con lluvia, en bajada, haciendo locuras (que también las hacemos de vez en cuando), en carretera susceptible de tráfico con los putos coches, ha ocurrido en una zona tranquila, recta, a una velocidad prudencial picando para arriba y con un gato. Un dichoso gato (que a saber que pollas hacía el gato por allí). Mientras pienso y veo lo que ocurre me doy de lo que es tener asumido el riesgo como algo normal.
Todos tenemos buenas bicis (unas mejores que otras pero buenas al fin y al cabo), buenas equipaciones, buenas gafas y quizás por eso, cada vez que nos montamos en la flaca, a parte de disfrutar de este bello y noble deporte, nos gusta hacer como que "jugamos y soñamos" a que somos ciclistas. Y no lo somos. El hábito no hace al monje, dice el refrán, por muchos kilómetros que hagamos al año.
Viendo a los dos en el suelo (el tercero en discordia ya se había levantado), yo me veía reflejado en María José. Yo, e imagino que todos nosotros. A parte del dolor que le haya provocado la caída, que debía ser más que considerable, ella estaba asustada, preocupada, cosa normal, claro está. Miguel Ángel, es de otra pasta. Él sí ha sido, es y será ciclista. No ha perdido la serenidad en todo momento. Imagino que estaría nervioso, dolorido (muy dolorido también) y preocupado (muy preocupado).
Y esto no es cuestión de valentías, no me confundáis. Es cuestión de tener los riesgos asumidos de verdad. Un tío que ha corrido cinco tour de Francia, no sé cuantas vueltas a España y Giros de Italia (amén de otras tantas y tantas carreras) medio se ha incorporado, sentado en el asfalto y nos ha dado a todos una lección de lo que es el ciclismo. Ahí está la diferencia entre un ciclista y uno que juega a ser ciclista.
Tenemos tanto que aprender.
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| Una vez iniciado el regreso, con los molinos como testigos |
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| El grupo afrontando las primeras rampas |
Se ve que había ganas de bici señores, bastantes. Con un horario apretado, a las 8.00 y con puntalidad inglesa partía un nutrido grupo de 19 componentes (que no está nada mal dadas las circunstancias) con todas las ganas del mundo de estrenar el tan venerado y flamante chubasquero.
Teníamos La Peza, con su castillo incluido. Mal día para ese destino. La Peza, por su situación geográfica se convierte en una trampa ratonera y hoy no iba a ser menos. No habíamos salido de la capital con dirección a Cenes cuando las primeras gotas empezaban a anunciar lo que se avecinaba después.
Pero no iba muy mal la cosa. Apenas se mojaba el suelo y la temperatura, aunque fresquita, era agradable. Y en esas nos venimos arriba. Un pelotón pretoriano (se ve que cuando la amenaza es factible se nos quitan las ganas de las escaramuzas) comienza la ascensión de las primeras rampas firme y con un ritmillo cómodo. Lógicamente se producen algunos descuelgues que se subsanan con acompañamientos y se forma una grupeta detrás a escasos metros.
El paso por la presa de Quéntar se hace con la mirada puesta en el horizonte donde unas pequeñas neblinas no presagian nada bueno. A partir de la fuente de los trucheros la cosa se complica. Las gotas dejan protagonismo a una lluvia "meona" acompañada de un fresquito que ya no resulta tan agradable. Los primeros afrontan la subida a los Blancares, que ya puestos no lo iban a dejar pasar por alto. Otros, prácticamente en el cruce del Tocón de Quéntar dan por finalizado el periplo de la ida poniendo pies el polvorosa.
Se ve que el enemigo venia por detrás. Nosotros mirando al frente y la nube la teníamos en la retaguardia.
El descenso de lo peor. No es que no puedas bajar por temor a una caída, no. Es el frio. Bajas con cautela, despacio. Llueve si tiene que llover, con frio y sin pedalear pues todos los ingredientes para pasar un mal rato que se solventa una vez tomas la carretera de la Sierra con dirección a Cenes donde la lluvia ya era menos protagonista y con el pedaleo constante entras en calor.
Pero claro. Apenas llueve, pero el suelo está mojado y el paso por Cenes, si normalmente es peligroso, pues mojado se puede imaginar. Tanto paso de cebra elevado, con la pintura mojada es caldo de cultivo de caídas. Y así ha sido. Nuestro compañero Manolo (conocido cariñosamente como Manolo, el de la megamo amarilla) ha sido el que se ha llevado la palma y en una de esas, la bici se le ha ido de control por lo que la caída ha sido inevitable.
Debido a las diversas contusiones y a las circunstancias se opta por llamar a la ambulancia para su traslado al hospital donde se le realizan todo tipo de pruebas dando como resultado que no hay lesiones de ningún tipo salvo las típicas contusiones.
El resto del grupo, una vez reanudada la marcha, llega a Maracena donde al parecer, hasta el momento no ha caído ni una gota. Normal, nos ha caído todo a nosotros camino de La Peza.
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| Los que han llegado a los Blancares |
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| Foto de familia en el mirador de Trevélez |
Pues aquí estamos de nuevo y en una fecha inusual ya que como todos sabrán no es típico que los lunes nos dediquemos a estos menesteres pero es que ayer domingo fue u día largo e intenso y consideramos dejar esta labor para mejor ocasión (léase aquí, hoy).
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La marcha, sirvió además para homenajear a un ilustre granadino del ciclismo, Antonio Miguel Díaz, socio de nuestro club y que justo ayer, 16 de mayo, se cumplían 30 años de aquella mítica victoria de nuestro homenajeado en la etapa con final en Valladolid de la Vuelta Ciclista a España del 91.
Para tal ocasión, y al igual que el año anterior ocurriera con otro ilustre y socio del Velo Club, Miguel Angel Martínez, se diseñó un maillot conmemorativo para la ocasión, en este caso con los colores alusivos del mítico Kelme, equipo en el que militaba el bueno de Antonio Miguel.
Tras un breve acto de homenaje, que consistió en la entrega de una placa conmemorativa y la tradicional foto de familia partimos al grito de "papas robás de Cúllar Vega" los más de 50 participantes entres socios y amigos del homenajeado, con dirección a afrontar una jornada pura de buen cicloturismo por las tierras alpujarreñas.
La salida se hacía de manera escalonada, partiendo en grupetas por temas de seguridad vial, teniendo fijados varios puntos de reagrupamiento, uno en el cruce de Bubión, otro en Trevélez y otro en Torvizcón.
Sin duda, un gran día de ciclismo por unas carreteras merecedoras de los más dignos elogios. Belleza paisajística, belleza deportiva y lo mejor, que todo ocurrió dentro de un ambiente festivo, familiar, sin ningún tipo de incidentes y que terminó como suelen terminar estas cosas, al calor de unas merecidas cervezas y posterior comida de hermandad.
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| Dos grandes, Miguel Ángel Martínez y Antonio Miguel Díaz |
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| Parte del grupo posando en el cartel de entrada a Huétor Tájar |
| Foto en el 402 antes de iniciar el recorrido de vuelta |
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| Foto de familia en el Camping de los Bermejales |
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| Parte del grupo posando en la presa del embalse |
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| El grupo iniciando la ascensión al Alto de la Malahá |
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| la familia del Velo Club al completo en Huétor Santillán |
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| Un pequeño grupo, con el "monje" |
(las fotos de hoy, de Manuel Ramal, Galdón, Jose de Cogollos, Damían, Julio, Antonio Gutiérrez, Roberto, Emilio, Francis, Jose Luis y Enrique)
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| El grupo en Castillo de Tajarja |
La mañana comenzaba con algo de frio pero con los cielos limpios. Un azul eléctrico los adornaba en contrapunto con los verdes y amarillos que lucen por la vega, incipientemente motivados por una primavera cada vez más espectacular. Resulta curioso el paso por los llamados desiertos, que precisamente se llaman así por tratarse de un secanal árido y poco atractivo a la vista (que también tiene su encanto), y ver como están. En algunos casos parecen el salvapantallas oficial del sistema operativo del "ordenata". En este caso, hoy, también han servido de transición climatológica. De tener y a su vez, disfrutar de un solecillo más que agradable, a entrar en, como bien diría Julio Marvizón, una masa nubosa que se avecinaba, no por el estrecho como él solía decir, sino por Paranpanda. Y es que como dice el refrán "Cuando Parapanda tiene montera, llueve aunque Dios no quiera".
Apuesto a que os estáis preguntando quien era ese tal Julio Marvizón, ¿a que sí?. Bueno este señor era el hombre del tiempo de Canal Sur allá por los 90´, sabio, culto y escritor y que daba el tiempo en prime time en el canal autonómico cuando las televisiones, todas, se dedicaban a informar y no a lo que se dedican hoy en día. Pues bien, este señor, dentro de su infinita serenidad, con los brazos relajados y mirando fijamente a la cámara comenzaba la lectura del pronóstico del tiempo siempre con la misma coletilla. " la masa nubosa que se aproxima por el estrecho dejará precipitaciones de escasa importancia en el......". Daba igual, el tiempo que hiciera, si venían nubes o no, si se acercaba una ciclogénesis explosiva, daba igual, él siempre empezaba lo mismo.
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| El paso por los desiertos con un cielo de transición de sol a nublado |
Y es que el paso por los desiertos, como meteoros al igual que en todo el recorrido, ha propiciado que me acordase de esa frase al ver como se avecinaban las nubes. Al final, no ha llovido, pero no hay nada como una buena amenaza de lluvia para darle alas a un grupo de ciclistas.
Una vez llegados al Castillo de Tajarja y de improvisar un reagrupamiento que quedó inmortalizado con alguna que otra instantánea, rápida bajada al Láchar donde una vez más, en la cafetería Los Arcos hemos repostado cada cual a su antojo y con plátano de rigor incluido. Hay que ver esta gente. No se como lo hacen para tener allí al ciento y la madre de ciclistas y no ciclistas y tratarnos a todos de esa manera tan especial y rápida. Deberían hacer cursillo o algo así en el que participen otros locales tabernícolas que se ahogan en un vaso de agua para ver si toman ejemplo.
El regreso, por la vega lorquiana, con buen ritmo hasta el reagrupamiento en Albolote.
Por cierto, se comentaba en la llegada a Albolote de un pequeño incidente que se ha producido en el trayecto más tranquillo de la marcha. Al parecer ha sido por la vega de Fuente Vaqueros o ya casi por la silenciosa. La cosa es que un mal frenazo, o como se suele decir, bandazo, ha propiciado que un nutrido grupo se haya visto abocado a encomendarse a los santos más cercanos y pidiendo cita a algún que otro cardiólogo ya que el susto ha sido monumental. Al final no ha pasado nada. Mera anécdota, sin caídas ni nada pero eso nos hace reflexionar sobre el tema.
Debemos tener cuidado, eso ya lo sabemos. Hay que extremar las precauciones y sobre todo hay que ser consecuentes. Montar en bici nos hace asumir ciertos riesgos, sobre todo el de las caídas pero cuando se rueda en grupo, esos riesgos se multiplican. Una mala gestión del movimiento puede llevar al suelo a un pelotón entero y por muy tonta que sea la caída siempre habrá lesiones de consideración.
Sabemos de sobra, y no hace falta repetirlo, que debemos tener cuidado pero por favor, que sea de verdad. A veces, estas cosas pasan sin culpables, pasan porque tienen que pasar y ya está pero que no sea por un descuido.
La semana que viene, otra de montaña con "el monje de Beas" esperándonos.
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| El regreso, con "Parapanda con montera" |
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| El grupo, ya más calmado, después de dar cuenta de los bizcochos |
Buenas tardes compañeros y compañeras. Heme yo aquí, presto y dispuesto a satisfacer al ávido lector (entiéndase también lectora en lo sucesivo por aquello de la paridad y el lenguaje inclusivo) escuchando truenos y más truenos en una tarde tormentosa que se ha presentado hoy, lejos de esa mañana primaveral que nos ha brindado este domingo primero de abril (¿será verdad eso de abril, lluvias mil?) y que nos ha llevado a la localidad de nuestro compañero Jose.
Hablo de Cogollos Vega, un municipio marginado por las infraestructuras de carreteras ya que no es lugar de paso (ni se espera que sea) y dada la cercanía de con la capital casi resulta imposible terminar allí una ruta. Claro, luego está el ingenio. Como bien dice el refrán (o lo que sea), "todos los caminos conducen a Roma", y Cogollos no iba a ser menos. Solo hacía falta dar un rodeo para completar kms. y darle a ese destino (bonito de por sí) el protagonismo que merece.
Este año, la ruta elegida era por la marginada antigua carretera de Murcia. Deberían fustigar con exposición a vergüenza en plaza pública al que tuvo a bien "condenar" al olvido a dicha carretera. De ser un santuario ciclista otrora, donde por esa carretera bien peraltada y asfaltada se accedía a municipios como Diezma y Darro para poder completar recorrido realizando el archiconocido circuito del Mendrugo por Moreda, Bogarre e Iznalloz, hoy, abandonada a su suerte viene a morir sin pena ni gloria para regocido de un atroz progreso en forma de autovia en un Beas de Granada.
La cosa es que con el tema del confinamiento, los oriundos de la capital si que se han visto abocados a usarla y disfrutarla ya que los límites periféricos te llevan hasta bien coronado el primer puerto, puerto Lobo. Los otros dos, el de la Mora y el del Molinillo ya pasaron, como citaba víctimas de la sinrazón, a mejor vida. Vayan estas reivindicativas líneas a modo de protesta.
Una vez pasado el Fargue y solventado Puerto Lobo, giro a la izquierda y subida al centro de interpretación de la naturaleza de la Sierra de Huétor para con un rápido descenso llegar a la localidad de Víznar, tristemente conocida por ser el lugar donde yacen en su cuneta "aún 85 años después" los restos de nuestro poeta más universal Federico García Lorca (de vergüenza). Llegada a Fuente Grande y nuevo "rampón", en este caso con hasta el 15% de desnivel que nos lleva al mirador de Alfacar y de ahí a Nívar y Cogollos Vega.
La temprana hora de llegada no ha dado tregua. El bar donde estaba estipulado parar, junto al instituto, estaba más que cerrado. Después de algunos que otros escarceos se decide bajar al pueblo a probar suerte cuando el señor regente del local, que se ve que estaba ojo avizor desde el interior y viendo que se escapaba una buena oportunidad de hacer caja, sale alertando al personal diciendo que abría inmediatamente a lo que los que allí nos hemos percatado del aviso hemos lanzado al viento, con aspavientos incluidos, todo tipo de voceríos para alertar al resto. Resulta, cuanto menos curioso, lo que se tarda en reunir a la tropa cuando se trata de ir a un bar. En tres segundos estaba el rebaño al completo tomando asiento y apostados en la terraza. ¿Anda que si fuese lo mismo que para hacer una foto del grupo?
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| Los anfitriones Jose y Nati |
El regreso, una vez dada sabida cuenta de los dulces manjares, por Güevejar, Calicasas, El Chaparral, El Cubillas, Las Torres, la archiconocida cuesta "del perro" y una vez pasados los cansinos llanos, desvio a la izquierda y rumbo a Pinos Puente por el por nosotros bautizado puerto del "Casillego".
El paso por el Caparacena, con pinchazo incluido, y la llegada de nuevo al Cubillas y Albolote, ya de manera más tranquila, que las piernas ya iban diciendo eso de "¿es que esto es mu preciso?".
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| El grupo posando a la salida de Cogollos |
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| Parte del grupo en Sierra Arana |
Sierra Arana, o el Sotillo como también se le conoce, es uno de esos destinos ciclistas que gustan porque aúna y toca en una sola ruta prácticamente todos los palos.
Llano favorable y llano desfavorable. Rampas, serias, como la de la subida a Iznalloz. Subida, desde Iznalloz hasta El Sotillo, que si bien no es dura en exceso, bien puede sacarnos los colores a más de uno. Y naturaleza, mucha y bonita. Con un recorrido casi sin coches desde Deifontes donde la vega está comportándose como es debido en primavera y una vez solventado el paso por Iznalloz, la subida, con un asfalto impecable (lástima tanto paso de cebra elevado) entre pinos y con vistas a una Sierra Arana azuleada por un atmósfera, hoy un tanto movida por el vientecillo, nos invita a disfrutar de la bici.
Por cierto, buenas tardes. Aquí andamos, de nuevo, contando estos avatares dominicales del Velo Club en una jornada marcada por el cambio horario y que sirve, a la postre, para dar el pistoletazo de salida a las marchas un poco más exigentes.
Empezábamos hoy, con una afluencia que batía récord de participación. Cuarenta nos hemos presentado prestos y dispuestos a merendarnos los 85 km que marcaban la hoja de ruta para esta marcha.
Como decía al principio, esta marcha lo aúna todo y por eso, quizás, el ritmo de rodaje se incremente sobremanera casi durante todo el recorrido. sobre todo en el regreso donde soplaba el viento en popa.
Para llegar hasta allí, el rutómetro nos marcaba un recorrido que partía desde Maracena hacia Albolote, El Chaparral, El Cubillas, Arenales, Deifontes, Iznalloz y Sierra Arana para regresar por el mismo sitio.
Dada la exigencia del recorrido, así como las medidas anti-covid el grupo partía de manera fraccionada y por rangos de niveles para evitar en la manera de lo posible las diferencias horarias a la llegada al destino.
Así se han formado varias grupetas donde cada una ha rodado de la manera más acorde. Los más veteranos daban por terminado el periplo de la ida en la ermita de Iznalloz, para volver a Deifontes para dar sabida cuenta de un merecido refrigerio. Los demás, una vez coronado El Sotillo e inmortalizada la visita con todo tipo de fotos, vuelta a Iznalloz para control de firmas y avituallamiento.
El domingo que viene empieza el baile. ¿Nos tocará bailar con la más fea?
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| Los veteranos en la Ermita de Iznalloz |
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| Parte del grupo, en el pilarillo de Nigüelas |
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| Foto de familia en Puerto Lope |
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| Veteranos en Tiena |
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| El grupo en Ventas de Huelma ante el gran mural de genial artista Badi |
Pues parecía que iba a llover, pero no. Cosas de la primavera prematura que tenemos encima a primeros de marzo.
Buenas tardes compañeros, aquí andamos, prestos a contar los avatares cotidianos de otra marcha dominical del este gran a la par que noble club. Hoy, nuestro calendario indicaba recorrer de plano la comarca del Temple, con centro neurálgico en Ventas de Huelma a que accedimos por la carretera del Barco una vez que partimos de Maracena con dirección a Las Gabias para afrontar el primer escollo del día, el alto de la Malahá (mira que me gusta a mi este puertecillo).Una vez sorteado y tras un rápido descenso, paso por la Malahá y dirección a Escúzar, con su cansina subida que aunque no es muy prolongada que digamos si que se le atraganta a más de uno.
Una vez de nuevo en la carretera de "la longaniza", llegada a Ventas de Huelma donde teníamos marcado el punto intermedio y control de firmas.
El regreso si fijó este año por una nueva alternativa. Una novedosa ruta para nosotros que nos llevaría a Ácula por la carretera del barranco de las Zarzas (con despistes múltiples incluidos) y con una rampilla de padre y muy señor nuestro. El paso por Ácula, con nuevo despiste hasta tomar la carretera de Chimeneas y los desiertos que nos llevaron de nuevo a la Malahá para volar hasta Santa Fé, Atarfe, Albolote y Maracena.
Se ve que hay ganas de marcha. Estas rutas cortas en kilometraje se convierten en una caja con bombas cada vez que el asfalto pica hacia arriba.
Los de siempre (que son los que más andan) aprovechan para mostrar sus galones y el resto a aguantar las embestidas con la mayor dignidad posible. Que ganas de que lleguen ya las kilometradas para que se templen las sangres efervescentes.
Por lo demás, gran participación pasando de la treintena un domingo más y mucho compañerismo en cada grupeta que se forma.
El domingo que viene empieza el baile. Primer cohete a explotar. A ver quién saca los pies del tiesto!!!
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| Momentos de reagrupamiento en Santa Fe |
FOTOS
(las fotos de hoy, de Manuel Ramal, Antonio Gutierrez, Francis, Roberto, Rodrigo, Paquito, Rai y Enrique)
Cumpliendo con lo estipulado en el calendario oficial de rutas 2021 y una vez normaliza ya la situación, el velo club Maracena ha visitado las tierras durqueñas en una clásica marcha con parada habitual en la plaza del pueblo para inmortalizar la visita ante la estatua de la popular cantante de nombre Rocio y apellido artístico igual que el mencionado pueblo.
Al no asistir a la marcha, este que os cuenta no puede relatar los acontecimientos deportivos del día salvo el de la participación, que una vez más, has sido extraordinaria.